El uso ilícito de dispositivos electrónicos (móviles, relojes inteligentes) en los exámenes es un motivo de preocupación cada vez más mayor por parte de los docentes. Pero también nos da la ocasión de hacernos algunas preguntas. Si la información que los alumnos deben conocer para realizar con éxito un examen es del tipo que se puede consultar mirando furtivamente el móvil , nos debemos preguntar si conocer esta información ( “sabersela” como se suele decir) es algo verdaderamente relevante. Dicho de otra manera ¿tiene sentido que alguien se aprenda de memoria algo que puede averiguar en cualquier momento consultando su móvil?
Con el confinamiento estas preguntas adquieren una importancia nueva. Los exámenes habituales perdieron su validez al no poder el profesor verificar que si el alumno estaba o no consultando los libros u otros materiales durante su realización .Los docentes nos sentimos desnudos al perder la pieza clave del sistema de evaluación. Estos desasosiegos se han disipado al volver el curso pasado a la presencialidad y sin embargo el problema de fondo persiste. En la sociedad de la información, conectados 24 horas del día a un dispositivos digitales, con un acceso prácticamente ilimitado a la información, la pregunta qué merece la pena saber tiene toda su relevancia.
Con frecuencia se plantea esta cuestión contraponiendo un tipo de conocimientos a otros. Se dice que lo más importantes son lengua y matemáticas, las llamadas materias instrumentales. Se piensa que las ciencias naturaleza son más importantes que la música, o la filosofía, por que son “científicas” etc. Este debate resurge cada vez que hay una nueva reforma educativa. Sin embargo es absurdo y carece de sentido. Hacer jerarquías y ordenaciones entre los distintos campos de la cultura y el saber humano es poner puertas al campo. Sobre todo cuando el punto de partida es el obtuso utilitarismo del “ ¿y esto para qué sirve?” disculpable en un adolescente pero no en un adulto ilustrado.
Es evidente que debe haber algún criterio de selección o priorización de lo que se enseña y aprende pero la cuestión no está en el área o campo de conocimientos sino en comprender adecuadamente la naturaleza del conocimiento humano y el reto que supone la sociedad de la información . En el actual contexto podemos formular la pregunta de esta forma : Qué es lo que uno no puede extraer de internet, incluso aunque esté allí y que por lo tanto es necesario y merece la pena saber. A mi juicio hay dos tipos de cosas
Toda información para serlo, para servir como información, necesita de un marco de referencia que la interprete y le dé sentido. Estos símbolos: “345” son algo significativo para quienes conocemos el sistema decimal. Fuera de ese marco no tienen significado alguno. . Seguramente la mayoría de nosotros comprendemos el significado de hechos como el descubrimiento de América o la revolución francesa y cualquier información nueva que se nos suministra o que buscamos sobre estos hechos adquiere significado a la luz de estos contextos. Seguramente para la mayoría de nosotros oír hablar del rey Narmer de Egipto no evoca nada ya que carecemos de un contexto que permita dar sentido a esa información. Acudimos a internet siempre desde un determinado marco de referencia y es importante entender que la información está en internet, pero el marco de referencia, no. El marco de referencia , por decirlo gráficamente lo tienes que “llevar puesto”. La conclusión está clara: no es la información sino el marco de referencia lo que merece la pena aprender. Pero qué es un marco de referencia. También es información pero es información organizada, son relaciones, conexión entre ideas, conceptos que estructuran la información , son significados, en resumen. Dado que son relaciones y conexiones, los marcos de referencia se aprenden construyéndolos. La enseñanza, y por lo tanto la evaluación, han de estar orientados al desarrollo, por parte de los alumnos, de marcos de referencia y no la acumulación en bruto de información.
El segundo aspecto es las destrezas y procedimientos para solucionar problemas o para crear productos culturales. Saber hacer un tiramisú no consiste en memorizar la receta. Para aprender a hacerlo, hay que hacerlo varias veces. En internet puedes ver un video de cómo se hace, pero hasta que no lo hayas hecho tú , y no lo hayas hecho bien, no se puede decir que sabes hacerlo. Las destrezas tampoco están en internet. Requieren entrenamiento, práctica, orientación, probar y equivocarse. Hay muchas destrezas muy necesarias para la vida: desde resolver una regla de tres , a ser capaz de hacer amigos, pasando por redactar una carta en una lengua extranjera. La enseñanza y la evaluación deben estar orientadas al desarrollo de estas destrezas y la única forma real de evaluarlas es la demostración real y práctica: cocina el tiramisú, no me expliques la receta.
Desconozco si la tecnología acabará algún día con los exámenes tradicionales. O si por el contrario deberemos gastarnos el poco dinero que tenemos en inhibidores de frecuencia para las aulas.Lo que sí debemos hacer es preguntarnos, ahora más que nunca, qué es lo que nuestros alumnos deben aprender para tener una vida plena. La calidad de nuestro sistema educativo va a depender en buena medida de cómo vayamos respondiendo a esta pregunta.